Así como la “triqueta” símbolo del origen celta que significa la vida, la muerte y el renacimiento; como también representa el “Todo” de los tres niveles físico, mental y espiritual. También nosotros los seres humanos tenemos esas divisiones en nuestra vida que nos marca y nos dividen haciendo que cada una de esas etapas nos forme hasta llegar a donde estamos ahora. Desde que vemos la luz por primera vez a través de nuestros ojos comienza un camino largo por la cual tenemos que transitar para poder vivir, para poder observar, aprender, luchar, crecer y ayudar.
Aunque hay personas que la mayoría del tiempo al caminar por esa vida, logra quedarse estancado en una etapa en la cual ellos prefieren quedarse allí, por la simple razón de que se sienten a gusto o han construido una rutina tan cómoda que se atemorizan por el simple hecho de salir y sentirse que su mundo se puede venir abajo. Las personas con un vicio entran y tardan en salir, y otros se quedan allí, es como la etapa de los adolescentes cuando salen del liceo y entran en la universidad, su mundo cambia tanto que hay veces que pretenden convertir ese mundo donde entran en el mundo de la cual vienen.
El ser humano repite un dicho “hay que saber quemar las etapas a su debido tiempo” pero si nosotros mismo las quemamos antes o nos quedamos en esa etapa y preferimos quemarnos en vez de salir de ese fuego que creemos que nos está haciendo bien y es todo lo contrario. Nos les ha pasado que comenzamos a salir a esos lugares donde bailamos conocemos gente pero pasan los años y vemos que ya no pertenecemos allí, por la simple razón que esos momentos ya pasaron ahora vienen otros a las cuales formaran a la persona que nos tenemos que transformar.
Hay escalones la cual debemos de subir y escalar, hay puertas en la cual debemos entrar observar y aprender las cosas que necesitamos tomar para construir lo que seremos en un futuro, así como entramos así salimos de las vidas de personas que nos ayudan en una etapa de nuestra vida, somos como puertas que se abren y luego se cierran para luego sentarnos y ver a través de nuestros recuerdos lo que hicimos tanto bien como las cosas malas, y a la final llegamos a ese último piso en la cual somos quienes debemos y queremos ser. Solo debemos recordar aprender a escuchar, observar y saber cuándo es tiempo de salir y seguir adelante sin pensar en esos tropiezos que nos hicieron caer, hay que levantarnos y seguir caminando.
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